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Abril 03, 2005

Pesos y medidas

Los seres humanos son una variable. No pesamos lo mismo, por ejemplo, en Vilagarcía que en el lago Titicaca. Tampoco pesamos lo mismo en Marte, en Venus o en Mercurio. De hecho caemos al suelo de este planeta a la misma velocidad que lo hizo la manzana que le dio en el cráneo a Newton. Esa misma manzana (que ahora está por la nubes en el supermercado) parecería una pelota de soft-ball en la Luna. Paradojas (o parajodas, que viene a ser lo mismo) de la física y sus misterios. Masa, peso, volumen: todo se reduce a números. Tenemos, por si fuera poco, un afán de inventariado. Nos contamos a nosotros mismos constantemente. De hecho en el ejército y en los colegios nos obligan a numerarnos. ¡Viva la numeración!, que decía el Puma en su canción. Y hacemos chistes sobre ello: doce patos y doce patas ¿cuántos patos y patas son? Hasta tenemos un nombre para esto: estadística. Visto así, la idea es práctica: los Cien Mil Hijos de San Luis eran eso, cien mil tíos y punto. Y nunca nos miramos de otra manera. A tanta gente, tantos votos, tantos contribuyentes o tantos consumidores. Renta per cápita o asistencias a manifestaciones son puras divisiones de dinero por persona o personas por metro cuadrado. La abstracción del número es la alienación del individuo. O tal que así.

Al hilo de lo anterior, aparece como aberrante la idea de Dalton Trumbo en el prólogo a su novela “Johnny cogió su fusil”, que más tarde se convertiría en una película co-guionizada con Luis Buñuel. Trumbo propone una estadística distinta de víctimas a base de kilos, litros y demás patrones del sistema métrico decimal. Con la ayuda del doctor Gonzalo López Vilar ―un testigo directo de lo que pasa en el Submundo― este humilde reportero está en la disposición de especificar cantidades concretas. Dejémonos, pues, de individuos y pasemos a la charcutería. Hasta donde llega la información que López Vilar ha podido recoger, los pesos y medidas de un ser humano desmenuzado se pueden vislumbrar tal que así:

―Un ojo pesa unos siete gramos
―Un hígado pesa kilo y medio
―Un testículo, unos veinte gramos
―Un corazón, algo así como cuarto y mitad
―Un cerebro, 1.160 gramos en los hombres y 1.000 en las mujeres (lo que no significa diferencias porque el cerebro de un elefante es más grande y no sirve para tocar el piano)

Y además tenemos una media de cinco litros de sangre en el cuerpo; lo que vienen siendo unos seis kilos dado que la sangre siempre es más espesa que el agua y más dulce que la miel.

Hagamos cuentas, pues. Si nos atenemos ―por poner un ejemplo― sólo al número reconocido oficialmente de soldados americanos muertos en Irak, nos encontramos con casi dos toneladas de masa encefálica desparramada, 10.500 gramos de ojos reventados, otras dos toneladas y pico de hígados, más de 400 kilos de corazones partíos y unos 30.000 gramos de testículos descojonados de la risa. Y, claro, 7.500 litros de sangre para hacer morcillas. Esto contando los aproximadamente mil quinientos muertos que asume el ejército americano entre sus filas y sin tener en cuenta a los/las iraquíes. Extrapolen ustedes y piensen en la Guerra Civil española con un millón de muertos (¡mil y pico toneladas de cerebro!) o en los veinte millones de muertos soviéticos en la II Guerra Mundial (¡400 toneladas de testículos si sólo fueran hombres!). Visto así, el peso específico de Rainiero de Mónaco o de Juan Pablo II ―víctimas de la particular guerra que cada ser humano libra cada día― es mínimo. Si empezáramos a contar las mutilaciones en los heridos (brazos, piernas, penes, orejas, dientes o mandíbulas) la calculadora echaría humo. No estamos gobernados por criminales sino por despilfarradores.

Tenemos que seguir estudiando matemáticas porque, ya lo decía Hamlet, el resto es silencio.

Posted by Julián at Abril 3, 2005 04:33 PM