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Mayo 29, 2005
Envejecer o morir
Los occidentales estamos preocupados. Queremos vivir más que el vecino. O queremos morir más tarde que el recaudador de impuestos. Porque eso desgrava. Porque eso nos salva. Porque vivimos acojonados, ¡qué cojones!
Para analizar lo anterior, bueno sería haber visto el programa/parodia del miércoles pasado en la cadena estatal (La 2) presentado por Pedro Piqueras. ¿Que nuestros hijos van a vivir mil años? ¡Venga ya! Si me muero por verles aunque sólo sea un cuarto de hora... (La cena está lista...)
El problema es salir a la calle con las orejas puestas. Uno se expone a escuchar cualquier cosa: superchería, charlatanería, caradura y malabarismo de dos duros. ¿Y seremos más tontos que Punset, ese polichinela que afirmaba (tan ufano y tan encogido), que dentro de cien años habremos muerto todos los habitantes de la Tierra? Así me meto yo a profeta. Y a Marino Lejarreta subiendo la calle Carral. Err... mmh .. Dejemos las rimas, dejemos las ruinas, dejemos las estupideces de turno. Porque hay quien se rie con las simplezas de quien intenta timar a los ingenuos. No está bien, no está bien. No es esto, no es esto.
¡Ja! El tontolaba de Punset afirmaba, ni corto ni perezoso —bueno, bastante corto sí que es— que no estamos programados para morir (¡jodeeeeer!). Tal vez Punset no esté programado para dejar de dar la lata, pero juro por sus rizos que, el día que don Eduard se muera, lloraré lágrimas de cocodrilo. Mentiré, claro que sí. Pero, ¡ay!, la pseudociencia es peligrosa, Punset es un charlatán, el Ente Público es inabarcable y nosotros somos unos crédulos y unos pringaos.
Y claro que la inmortalidad tiene sus compensaciones. Manuel Fraga es eterno, ¿quién lo duda? Pero olvida que la jubilación existe. (O no. Who knows?)
¿Va a votar usted, admirado lector? Si lo hace (y le juro que puede ser traumático), hágalo con conciencia, consciencia, paciencia y toda la ciencia que Dios le dió —que los dioses le dieron. O que le tocó en la lotería, que viene siendo lo mismo. ¿Alguien quiere ser Califa en lugar del Califa? ¿Es tan malo ello? Pues vaya usted a saber...
Vivimos al borde del bipartidismo, del bipartiabismo, de la bipartiacritud, del bipartiauxilio, de la bipartidemencia. (Léase con paciencia) Es esta opción escindida la que nos queda. Es esta opción, al borde del verano, que salvará la vida de la Finisterrae antes de que nos hundamos (para siempre y de una vez por todas) en el Atlántico. Así de buzos que te somos.
Decía —y mentira no era— una anciana amiga que se dio un garbeo por Auschwitz en tiempos chungos, como quien no quiere la cosa; insistía —decíamos— en que hay que votar, que luego pasa lo que pasa, que la memoria es frágil, que el coñazo no puede ser eterno.
Punset es el polichinela charlatán graciosillo que (¡ojalá!) jamás vivirá mil años. El gobierno que tenemos en Galicia está gastando todos sus recursos para llegar a la longevidad ridícula del que no tiene tiempo que malgastar. En Madagascar, en Malpica, en Silleda. ¡Ay! ¡Váyanse, señores! ¡Y quédense tan anchos! O no... O sí, tal vez esta vez, sí. Es duro pero es la vida, decían los Dead Kennedys cuando hablaban de Camboya. Sí, cabe la posibilidad, aunque luego la caguen, pero sí, que coño, sí. ¡A casa, hostia! (como decía Josele Santiago hace año y pico)
Posted by Julián at Mayo 29, 2005 12:04 PM
