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Agosto 13, 2006

Fuego, camina conmigo

El actor Jack Nance, en el papel de Pete en Twin Peaks, dice:

―Este humo es un negocio asqueroso. Me siento como si alguien hubiera pegado mis labios con cinta al tubo de escape de un autobús.

Galicia es ahora Twin Peaks: un sitio donde todo el mundo conoce a todo el mundo y nada es lo que parece. Ese era el planteamiento profético de David Lynch en la serie de TV más éxito a principios de los noventa del siglo pasado. El Agente Cooper ―interpretado por Kyle McLaughlan― soñaba con un gigante que le decía:

―No busques respuestas de una sola vez. Una corredoira se construye poniendo una piedra detrás de otra.

Bueno, no usaban exactamente la palabra corredoira en aquel doblaje... La emisión de Twin Peaks, coincidió con la salvajada incendiaria de 1990 que arrasó una cantidad considerable (intolerable) de Galicia. En el momento de redactar estas líneas, los redactores y habitantes del Submundo tiemblan ante un guión aún más aterrador. Todo el mundo busca rimas y razones para lo que ocurre por doquier en este sufrido país. Y hay hasta quien da consejos.

(Algunos son chuscos, como el de Mariano Rajoy:

―El Presidente del Gobierno lo que tiene que hacer es dar calor a la gente.

O algo parecido decía el Señor de los Hilillos. ¡Cómo si lo que le hiciera falta a Galicia fuera calor!)

En Twin Peaks nadie es inocente. En Galicia nadie sabe quién es el culpable. La lista de posibles causas y responsabilidades invade declaraciones y artículos de opinión. Recalificaciones, venganzas, ganancia de pescadores en río revuelto, terrorismo, mafias, negocios de varios tipos, chaladuras... Bla, bla, bla. Una vez descartada la piromanía (en toda España sólo hay cien casos patológicamente catalogados y no parece probable que estén todos de vacaciones aquí este verano) y descartada la casualidad, todas las demás causas son perfectamente posibles y pueden ser simultáneas. Como en Twin Peaks. ¿Quién mató a Laura Palmer? Nadie y cualquiera. El asesino es BOB. ¿Quién es BOB? En Twin Peaks, BOB no es un personaje. Es “el mal que se esconde bajo la superficie de la gente aparentemente normal”. BOB es BOB y está ávido de diversión. BOB Sonríe. Todo el mundo corre.

Hasta aquí Twin Peaks y Galicia parecen iguales. Pero hay una diferencia: en Twin Peaks, el FBI distribuyó un retrato robot de BOB. Nosotros no tenemos el de nuestro BOB (er... ¿Bobiño, quizá?). BOB, el de la serie, posee a la gente que está dispuesta a dejarle entrar en su alma. Es probable que tengamos a nuestro alrededor demasiadas encarnaciones de BOB. Galicia sería, pues, Laura Palmer, que se dejó matar para que BOB no entrara en ella.

La Guardia Civil ofrece protección y dinero a quien denuncie a los incendiarios, pero ¿de qué nos sirve detener a diez, veinte, treinta personas si no pillamos a BOB? Es fácil hacerse el enfermo mental, balbucear y decir que lo hizo porque le gusta el espectáculo.

Para la película “Fire, walk with me” (“Fuego, camina conmigo”), David Lynch escribió la letra de una canción:

“Ahora mi amor se ha consumido en llamas.
Somos historia, cariño.
Lo leí en un libro que terminaba en el fuego.”

La última frase es un juego de palabras: la historia que se cuenta y el libro mismo acaban ardiendo. Galicia está escribiendo sus últimos capítulos con sangre. El agua, la tierra, el fuego y el aire se consumen delante de nuestras narices. Sólo son cuatro elementos y nos estamos gastando el comodín de la llamada. Twin Peaks ―la serie― era la pesadilla del Agente Dale Cooper; Galicia ―su historia― es ahora una pesadilla de Breogán. BOB utilizaba a las lechuzas para observar a sus víctimas. Aquí las lechuzas tampoco son lo que parecen.

Escrito por Julián at 10:16 PM | Comments (0)