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Octubre 29, 2006
Papá, no corras
La Fórmula Uno no es un deporte: es un espectáculo. El ajedrez tampoco es un deporte: es un juego. Aunque ambos aparezcan en la sección de deportes. Bueno, en algún sitio habrá que poner a esta gente. Y es que la Fórmula Uno tiene su esfuerzo físico y mental, como el ajedrez. Y, como el boxeo, también su parte literaria.
Hace una semana se despedía de la competición Michael (no pronuncien “maiquel”) Schumacher al tiempo que Fernando Alonso ganaba el Campeonato del Mundo. El alemán pasaba a la leyenda como el mejor piloto de la historia con una carrera épica. Al asturiano aún le quedan muchos kilómetros para ganar carisma sin ser novio de la cantante de El Sueño de Morfeo. “Schumi” (que se llama igual que nuestro presidente: Zapatero) ha pulverizado todos los records. En el lenguaje popular reinó Fangio como paradigma del automovilista temerario hasta que llegó Emerson Fittipaldi. Con tan curioso nombre, aún hoy ser un “fittipaldi” es sinónimo de practicar una conducción “deportiva” por calles y autopistas. A pesar de haber acumulado casi todas las marcas habidas y por haber, el adjetivo “schumacher” tiene pocas posibilidades de entrar en el habla cotidiana. Es lo que tiene tener un nombre vulgar y además alemán: que no te lo quiere nadie. No así los presidentes: llamarse Suárez o González tiene más posibilidades de posteridad digna que llamarse Aznar —aunque suene más aristocrático y tenga reminiscencias árabes, mal que le pese a don José María—; y llamarse Zapatero da igual porque en este desagradecido siglo XXI a nadie le importa un pito la soledad del prócer en su despacho.
Como decía Pedro Reyes, son admirables estos hombres que se juegan la vida por unos miles de millones de pesetas (unos cientos de millones de euros, o sea). Los pilotos, no los presidentes. Porque mucho han tenido que currar los ingenieros para salvar la vida de un fulano que se empotra a trescientos por hora. Los mejores han dejado la piel sobre el asfalto: Jim Clark, Elio de Angelis, Ayrton Senna, ... Ellos ya forman parte del Olimpo de las cuatro ruedas. Niki Lauda sobrevivió a todo pero se le quedó una cara como para no necesitar maquillaje en una película de Guillermo del Toro. Muchos otros han pasado desapercibidos, como el español Emilio Villota que no consiguió ni recoger el tapón de Moet Chandon con el que se duchaban los que se subían al podio. (Eran otros tiempos: en España no había empresas patrocinadoras y sólo teníamos una televisión.) También están los que consiguieron con sangre, sudor y lágrimas que se les recuerde por algo: Nigel Mansell, que hasta empujó su coche hasta la línea de meta un día que se quedó sin gasolina; Graham Hill, que se mató fuera de los circuitos; el italiano Ricardo Patrese, que tiene el record de participaciones en grandes premios (el que no tiene Schumacher) aunque jamás se comiera un colín... O Keke Rosberg, el finlandés volador, que ganó el Campeonato del Mundo en 1982 ¡sin ganar ni una carrera! Eso es casta y de ella le viene al galgo: ahora es su hijo, Nico Rosberg, el que se dedica a destrozar coches por los circuitos y caer simpático a todo el mundo. (Rosberg padre consiguió el título quedando segundo o tercero mientras el primero era cada vez uno distinto: algo así como la ley electoral española que, con esa aritmética singular, permite ganar con menos votos.)
Ferrari lo tuvo crudo muchos años. Michele Alboreto, un legendario número 27, no les dio ni una alegría, aunque los polis de “Corrupción en Miami” pillaran a todos lo malotes con un Testarrosa en la misma época. Ya nada es lo mismo: los pilotos conducen con ordenadores y botoncitos como en un videojuego y los mecánicos —que antes hasta fumaban en los boxes— ahora tienen que cambiar ruedas, echar gasolina, limpiar retrovisores y hacer encaje de Camariñas en menos de diez segundos. Es la aceleración de la historia.
Posted by Julián at Octubre 29, 2006 11:57 AM
Comments
Qué texto tan emocionante!
Te envidio porque estoy seguro de que has visto con tus ojos algunas carreras que me hubiese gustado, no tanto recordar con exactitud pues mi memoria está en números rojos, sino presumir de haberlas visto. Aunque hay algunas que recuerdo con viveza como las protagonizadas por Senna y Prost en Suzuka. La verdad es que el peso de los títulos parece distinto. Hoy con dos todavía estarás pendiente de una selectividad que sería el tercero, porque para mí Hakkinen es ya la vara de medir a los pilotos buenos-con-suerte-de-conducir-un-cohete y aquellos que aportan ese extra que hace a un coche bueno, campeón.
También hecho algo de menos a aquellos mitos destrozacoches. Hoy no tenemos análogos de Andrea de Cesaris o Ukyo Katayama, entrañables gladiadores que no parecían tenerlas todas consigo. Bueno, quizá Takuma Sato...
Hay quien dice (bueno, ahora menos porque está de moda) que la fórmula 1 es aburrida. Quizá lo sea, aunque cuando te sumerges en ella, en toda esta orgía de ambición, luchas de poder, política y deporte, marujeo y profesionalidad, es difícil salir. Tiene un montón de alicientes e incluso en las carreras que resultan un peñazo, suele haber algún motivo para el comentario jugoso.
Respecto a Michael, he de decir que este tipo nunca me ha caído demasiado en gracia. Y sin embargo el otro día cuando salió del coche en la crono sin posibilidades de hacer una vuelta rápida, se me cayó el alma a los pies. Diablos, en el fondo lo amaba y no lo sabía. Y es que han sido quince años y uno ya pensaba que el tío iba a estar siempre presente para determinar si alguien era merecedor de la corona, para ponérselo tan difícil que claudicase por la presión. En Melbourne no terminaré de creerlo.
Dentro de mi cabronía en cuanto a la fórmula 1, espero que el McLaren sea un coche normalito y que a Alonso le salgan rivales con entidad, porque esa "huída" de gente como Brawn de Ferrari, me tiene algo preocupado jeje.
Gentlemen, start your engines!
Posted by: Sergio at Octubre 29, 2006 03:54 PM
Vaya, "hecho de menos" -> "echo de menos" :)
Posted by: Sergio at Octubre 29, 2006 03:56 PM
Y no olvidemos al gran Fangio. Antes de que la expresión "ser un Fitipaldi" se usara, prevaleció la de ser "un Fangio". Veremos si la sabiduría popular encuentra rival...
"Estoy hecho un zapatero, jeje"
Posted by: onasis at Noviembre 4, 2006 01:03 PM
