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Noviembre 12, 2006

Domingos micológicos

En medio de la vorágine de revival ochentero que nos invade, hay daños colaterales inevitables. La distorsión y manipulación de la memoria es probablemente el más grave, pero también está el olvido en este recuento nostágico de algún grupo, acontecimiento, edición, pintor o bareto de entonces. Llegada la época de las setas, es hoy de ley recordar al grupo de Ernesto Coppini, el llorado hermano de Germán, que adoptó un nombre muy de aquellos días: “El Expreso de Auschwitz”.

Y dirán ustedes que qué demonios tienen que ver el rock and roll, el Holocausto y las setas. Pues es que resulta que la banda tenía un tema instrumental de duración variable ―pero nunca de menos de diez minutos― y realmente agobiante que llevaba por título “Domingos Micológicos”. La influencia musical más directa de “El Expreso” era Public Image Ltd., el grupo que formó Johnny Rotten tras la desintegración de los Sex Pistols; pero, en lo literario, los chicos pillaban titulares de prensa para describir sus canciones. Así, en un día de otoño, encontraron un artículo que hablaba de unas excursiones dominicales, dirigidas por expertos en la recolección de setas, destinadas a enseñar al que no sabe, y así impedir que alguien se fuera al otro barrio por culpa de un bocata de amanita faloides. Esas excursiones eran los “domingos micológicos”, que no sé si siguen existiendo pero que buena falta nos harían. El gremio de médicos alerta sobre el aumento de trasplantes de hígado que se han tenido que practicar en los últimos días por culpa de la ingestión de setas venenosas y, claro, no es cuestión de tirar hígados por culpa de imprudencias cuando tanta falta hacen por causas naturales o por tomarse unas copas de más a lo largo de ochenta años.

Las setas y los hongos son un regalo de la humedad otoñal y hay gente que se dedica con pasión a su búsqueda y captura en un plano que va más allá de lo gastronómico y raya en lo estético. Un apasionado micólogo fue el compositor americano John Cage y, en Vigo, tenemos el cercanísimo ejemplo de Patiño O Vello, padre del pintor Antón Patiño. Mucho debemos los ignorantes a la labor de estos benefactores de la humanidad. La seta como imagen del sentido de la vida no es pues patrimonio de los gnomos: gente de más altura vive y vivió bajo hongos de todo tipo... Entendámonos: ni los habitantes de Hiroshima ni los de Nagasaki de 1945 serían partidarios de vivir bajo la micología nuclear de Harry Truman, pero esto es otra historia...

Dirán ustedes que lo que sigue es mentira y tendrán razón. La ficción sobre setas y hongos es ―quod erat demonstrandum― amplia y variada. De pequeñito a un servidor de ustedes le advertían sobre los peligros que se ocultaban tras la apariencia deliciosa de algunos ejemplares. En la actualidad nos venden botes con varios tipos de seres (¿plantas?, ¿animales?) parecidos. Una opción sería que algún operario desaprensivo colara hongos alucinógenos en nuestra cadena alimentaria que, invariablemente, pasa por las cadenas de supermercados. La leyenda urbana se propagaría como aquella historia de Ricky Martin saliendo del armario en la habitación de una adolescente. Hordas de ansiosos buscadores de placeres lisérgicos se abalanzarían sobre las estanterías de alimentos envasados con la esperanza de correrse una juerga de padre y muy señor mío. Por un par de euros, pterodáctilos rojos pasarían volando delante de la ventana de sus habitaciones y las exposiciones del Marco serían escenarios de incontrolables ataques de hilaridad.

Puede que aún no haya ocurrido semejante cosa, pero cabe la posibilidad. Analicen con cuidado los entendidos esos botes de cristal cargados de boletus, trompetas del diablo y demás especies, para descubrir la razón última de la bobalicona sonrisa de ese enanito que está inmóvil en el jardín del vecino de nuestro adosado. Las setas son espontáneas: su alegría y su hogar, también.

julian@discosdefreno.com

Posted by Julián at Noviembre 12, 2006 06:49 PM

Comments


Y cuanto daño han hecho esos Domingos Micológicos a la humanidad.

Ingentes cantidades de pre-micólogos pisoteando los montes en busca de culinarios ejemplares del Reino Fungii, rompen la armonía del medio natural de la montaña palentina y de los alrededores de Folgoso do Caurel.

Recuerde Vd. que un pedo mal tirado puede, cuando menos, incomodar a un oso pardo que pasaba por allí...

Posted by: "el Palentino" at Noviembre 13, 2006 12:56 AM